El agua es sinónimo de vida. Por eso, hidratar la piel es una necesidad fundamental para retrasar los síntomas visibles de envejecimiento que, antes o después, todas las personas terminamos mostrando.

Toda la piel lo necesita, pero hidratar la cara se convierte en una exigencia todavía mayor por la importancia social y estética que nuestros rostros adquieren. Al fin y al cabo, la cara es el espejo del alma y, añadimos, que es el principal indicador de la edad que proyectamos.

1. Bebe agua

Entre el 15% y el 20% del agua de nuestro organismo se encuentra en la piel, porcentaje que con la edad va disminuyendo, ya que perdemos la capacidad para retenerla. Por ello, es fundamental hidratarte desde dentro, si quieres mantener una piel más flexible, firme y elástica.

2. No te olvides de la crema

Es un ritual que deberíamos seguir a diario, sin excepción. El mejor momento para hacerlo es después de la ducha cuando aún la piel está un poco húmeda, ya que favorecerá una mayor retención de agua y, al tener el poro más abierto, el producto penetra mejor.

3. Exfolia tu piel

La renovación celular y la descamación también se ralentizan con el paso de los años, lo cual provoca un aspecto más seco y que comiencen a aparecer arrugas. Algunas células muertas no son renovadas y, al interrumpirse la correcta comunicación intercelular, la piel se deshidrata y pierde densidad. Se produce una barrera que acumula toxinas y que impide una correcta oxigenación.

4. La alimentación es la clave

Para formar nuevas células y mantener nutrida nuestra piel, es esencial llevar una dieta equilibrada y variada en proteínas, vitaminas y ácidos grasos.

5. Deja que tu piel respire

Adopta este manta: nunca irte a la cama con la cara ‘sucia’ o maquillada. Cuando decimos sucia, nos referimos a las partículas de contaminación que, sin que te des cuenta, se depositan en tu rostro. Esto hace que tu piel tenga más problemas para ‘respirar’.